CUENTOS -La regla de uno-

Nunca nadie me ha sabido explicar si tener la regla es como tener resaca. Yo imagino que sí porque hace poco me bebí con un vecino un cartón de vino que había en la nevera y cuando me levanté de la siesta no quería que me hablase nadie y me dolía la cabeza, que es lo que creo que le pasa a las chicas cuando cogen la regla. Me ha dado por dudar de mi propia teoría porque no me he puesto a gritarle a nadie cuando me he despertado. Lo digo porque mi madre siempre que contrae la regla le grita a todo el mundo. De hecho ni siquiera ha sido ella la que me ha contado lo que es eso, ha sido mi hermana Margarita, que también la tiene, como todas mis hermanas. Dicen que te viene sobre los 13 años. Yo tengo once y aunque soy joven para tenerla creo que seguro que la cogeré en el futuro, porque pese a que dicen que a los chicos no nos viene la menstruación, yo sólo tengo clara una cosa de este curioso fenómeno: la regla es contagiosa. Y, la verdad, personalmente no quiero tenerla de ninguna manera. Es por eso que estoy sentado en el alféizar de la ventana dispuesto a saltar al vacío. Prefiero acabar con mi vida antes que tener la regla cinco días al mes. Siempre que sea tan mala como la resaca, que nadie me lo ha confirmado todavía.

Miro hacia la calle y me da por pensar en si voy a alcanzar la ansiada muerte saltando desde un tercer piso. Porque claro, por un lado supongo que con lo poca cosa que soy acabaré esparcido por la acera, pero por otro me da por pensar que también soy ligero y que lo mismo me estrello, me rompo nada más que las piernas y del golpe me viene la regla, que eso le pasó a mi hermana Andrea con un accidente que tuvo un día que la llevaba a bailar un novio que tenía que bebía mucho, como yo el vino del otro día pero a lo bestia. Y del susto y el golpe le bajó la regla, que siempre lo cuenta mi madre. Así que estoy aquí tan pancho dudando en si saltar o si mirar en un diccionario para resolver mis dudas acerca de la menstruación.

-¡¡Que me tiro!! ¡¡Me cago en todo que me tiro y en la madre que os parió!!

He conseguido llamar la atención de una anciana que iba por la calle y se ha quedado petrificada mirando. Se ha puesto a gritar socorro, socorro, como si la que se fuera a despeñar edificio abajo fuera ella y no yo. Pronto se ha formado un grupo de gente que desde arriba parece el pelotón del Tour de Francia cuando lo sacan en la tele desde la cámara del helicóptero, sólo que sin bicis. Esto me ha dado que pensar, claro, porque yo soy muy de pensar; más que de beber o de tener la regla. La cosa está clara: si quieres captar la atención de la gente no tienes más que gritarles que estás mal y que te vas a suicidar. Lo mismo que hace mamá.

Ahora mismo estoy dentro de mi habitación. He tenido que meterme un instante porque no he podido aguantar la tentación y he lanzado un gargajo viendo la aglomeración de gente que había a mis pies. Es una guarrada, lo sé, pero si alguna vez tienes a tanta gente debajo de ti mirándote y no les escupes te vas a quedar con ganas de hacerlo toda la vida. Y más todavía si tienes pensado matarte en los siguientes minutos. Pero claro, me ha dado cosa quedarme ahí mirando y me he metido dentro a ver si se dispersan, que una cosa es escupir y otra muy distinta hacerles daño al saltar. Ya de paso he aprovechado para echar un ojo al diccionario: Regla. Acepción 10. Menstruación de la mujer. No sé qué es eso pero suena a monstruo y a mutación. Sigo buscando. Busco. Busco mucho porque esto es un lío. Llego a menstruo. Acepción 4. Sangre procedente de la matriz que todos los meses evacuan naturalmente las mueres y las hembras de ciertos animales. No dice nada más. Ahora me he quedado frío porque no parece que tenga nada que ver con la resaca ni con los gritos de mi madre. De todas formas siempre puede estar equivocado el diccionario, aunque no lo creo. Me he asomado de nuevo a la ventana y no es que no se haya ido ni una persona a sus casas, es que han llegado cientos de ellas más y ahora no se ve ni un adoquín de la acera desde mi ventana. Así que se me ha ocurrido gastar una broma.

Me he bajado corriendo las escaleras, he salido por mi portal tranquilamente y me he tumbado en la cera justo detrás de la anciana primera que se había parado a mirarme. La buena mujer ni se ha dado cuenta de que estaba tras ella porque estaba mirando hacia arriba a ver si asomaba la cabeza o algún miembro de mi anatomía por la ventana del tercero. Una vez tumbado en el suelo boca abajo en posición de suicida estampado contra el suelo he vertido tomate Orlando alrededor de mi cabeza y he movido la pierna izquierda como si tuviera estertores dándole repetidas veces en la pantorrilla a la vieja, que se ha dado la vuelta y se ha puesto a gritar como una posesa. Jamás pensé que una mujer tan mayor tuviera esa capacidad pulmonar para lanzar alaridos a través de su garganta. En seguida me he dado cuenta que ha sido una mala idea, sobre todo cuando la buena mujer se ha echado las manos al cuello en clara señal de que no podía respirar, se ha amoratado en escasos segundos y ha caído sin vida a mi lado, quedando su mirada enfrentada a mis ojos entornados. Me he acojonado por la que he preparado y ni me he movido cuando ha venido la ambulancia. Ahora mismo voy dentro de la ambulancia haciéndome el muerto para que no me abronque nadie y, mientras, no puedo dejar de sacar conclusiones acerca de lo acontecido. Pienso que esa mujer, por la forma de gritar que tenía, ha debido morir de regla. Pienso también que el diccionario dice demasiadas pocas cosas respecto a este tema y que luego pasa lo que pasa por la falta de información que tenemos las nuevas generaciones. Y pienso que no voy a saltar en mi vida para suicidarme porque la regla es mortal a tenor de lo sucedido con la señora, así que si la cojo no tengo por qué preocuparme en quitarme la vida: ya te mata ella sola. Así, ahora mismo, he abierto los ojos y me he incorporado ante el estupor y la cara de pánico de los enfermeros que no paran de gritar, llorar y auto abofetearse la cara y les he contado la verdad: “Estad tranquilos que no me muero. Los cuerpos ligeros como el mío no impactan como los cuerpos adultos cuando saltan de un tercer piso. Y mi madre no me deja subir a la azotea a jugar, así que podéis estar tranquilos para futuras ocasiones”. Creo que nos hemos estrellado porque he notado un golpetazo fenomenal y la camilla ha salido volando por la puerta trasera de la ambulancia. Espero que del golpe no me baje la regla. Y, sobre todo, que hoy no la tenga mi madre porque si no el castigo va a ser legendario.

@DavidAlfaroSi

http://www.facebook.com/DavidAlfaroSalirDelCajon

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