CUENTOS -Tarde-

En estos sitios típicos donde no se puede correr ni hacer ruido es una putada llegar tarde. Y yo llego tarde. Un día voy a llegar tarde a mi propio entierro. Parece que estoy oyendo a mi madre cómo me lo dice. ¿Cómo cojones llega tarde uno a un funeral? ¿Importa?

-Disculpe, preguntaba por Emilio Vázquez. Es por el funeral.

-¿Era usted familiar?

-Claro. Creo que sí.

-Aha.

-Oiga, pero deje de jugar a los naipes.

-Joven, no se apure ni se sienta culpable. Su familiar ya está descansando. No somos nadie. Descanse en paz. ¿Alguna cosita más?

-¿Dónde vamos?

-¿Al morir?

-Al funeral.

-Sala tres. Es muy amplia, le va a ser muy agradable.

Según me acerco a la sala veo cómo se cumple a rajatabla la norma exponencial de demostración de amor por cercanía al sufrimiento. La gente se acerca más y más a ataúd y familiares directos para demostrar lo mucho que les afecta. Y este olor. Este olor es inconfundible.

-Hola mamá.

-Llegas tarde. Un día vas a llegar tarde a tu propio entierro.

-Qué bonitas las flores que le han puesto. Aunque hubieran estado mejor flores de verdad.

-Haberte muerto tú.
Giro sobre mi eje y salgo en busca de aire limpio donde poder contaminar mis pulmones con un buen cigarrito.

-Disculpa, ¿tienes fuego?

-No. Pero abrázame muchacho que llevamos toda la vida sin vernos.

-Pero si no te conozco.

-Pues por eso.

-Anda, veo que ya os habéis presentado.

No sabía que Beatriz estaba aquí. El barbudo canoso de los huevos me ha abrazado y ni me conoce. No sé qué tipo de enfermo mental puede presentarse delante de ti y sobarte sin ningún motivo.

-Es Blas, mi novio.

-Ah, encantado. Voy para dentro, que mi madre estará sola.

-¿No quieres un cigarrito?

-Qué va Bea, gracias. Estoy dejando de fumar.

-Me alegro. Y de verte también.

-Y yo. Luego nos vemos.

Me acerco a mi madre que, aunque esté mal que yo lo diga, estoy seguro de que no sufre con estas cosas. Al contrario, las disfruta.

-Comparte el dolor hijo mío. No seas egoísta; que siempre has sido un egoísta. Sólo piensas en ti mismo. ¿Ves? Yo lo comparto contigo.

-Tú me insultas, mamá.

-Claro, es mi forma de compartir el dolor. Si tú supieras por lo que estoy pasando…

Dos pasos rápidos hacia delante, como si fuera a saludar a alguien, para perder a mi madre de vista. Me siento en una silla, de las pocas vacías que hay dentro. En nuestra cultura los asientos libres son muy golosos, estén donde estén. Manos a las rodillas y, como no podía ser de otra manera, la mirada se va sola hacia el cristal que vela al muerto. No veo el cadáver a causa de la inclinación del ataúd. Miro y remiro el cristal. Me fijo en el reflejo que hacen las personas al pasear de un lado al otro de la sala, como si estuvieran buscando la manera de meterse dentro pero una mierda de cristal se lo impidiera. No aguanto más; me levanto y busco perder el reflejo de los parroquianos según me acerco a lo inevitable: ver otro cuerpo sin vida y decirme por dentro: ¿Lo ves como no tienes de qué quejarte? Pero es fugaz el pensamiento cuando lo invade la sorpresa. Y esta ha sido mayúscula: la caja está vacía. Debe haber algún tipo de error. Nadie se ha dado cuenta o qué cojones pasa. Quizá nadie se haya acercado tanto como para percatarse. Necesito información o me voy a volver loco.

Mientras espero a que en recepción cierren el cinquillo, pienso en que deberían celebrarse las muertes. Como contra homenaje a las muchas veces que celebramos el cumpleaños. Juntarse y recordar.  Hacer las cosas que te gustaba hacer con el fallecido: pasear, ver fútbol, beber cerveza, hablar aunque sin él te miren mal por hacerlo. Deberían obligar a celebrar las muertes y prohibir los funerales.

Por fin he accedido al habitáculo. Sigo perplejo, el ataúd está definitivamente vacío. Una placidez recorre mi espalda cuando descubro que me está gustando el hecho de ver que la forma encaja perfectamente con mi altura y mis hechuras. Si nadie ha visto al muerto, por qué iban a darse cuenta de mi desfachatez. Se está cómodo, a gusto, como sin prisa, preparado para todo. Pero me sigue dando vergüenza que me vean aquí dentro. Cierro la tapa. Se ve negro. Estoy en paz. Y ahora caigo: es imposible llegar tarde a estas cosas.

@DavidAlfaroSi
https://www.facebook.com/DavidAlfaroSalirDelCajon?ref=hl

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