CUENTOS -Superman-

-¿Se ha fijado en ese caballero subido al árbol?
-Inverosímil.
-¿Inverosímil por qué? Está usted hecho un mentecato.
-Y un obtuso, señora mía.
-Sí, un poco gilipollas sí es, no lo vamos a negar.
-Los dos al unísono no, seguro.
-Ay, no se invente palabras y déjeme en paz, joven. Mire, mire atentamente al hombre del árbol.

En realidad la que no me deja en paz es la señora, pero siempre tiendo a cometer los mismos pecadillos. Me paro a la que alguien me pide que me pare. Da igual el lugar donde me aborden, si me dicen que me detenga o simplemente me hace ademán, enseguida improviso una parada que de tan manida me está saliendo cada vez más natural.

La cuestión es que iba tan tranquilo caminando por la acera y esta señora de vestimenta estrafalaria y gorro calado hasta el lóbulo de la oreja me ha hecho una seña con la mano para que me acercara. Me he quedado anonadado con su gesto magnético, tanto que me he arrimado y me he parado a su vera, aunque iba por la acera de enfrente y nos separaban tres carriles; de hecho, casi me atropella un coche al ir a cruzar. El conductor me ha hecho la peineta con la mano, me ha fintado un puñetazo con la otra y me ha preguntado si era retrasado. Con gestos tan claros como estos iba a detenerme al instante por pura adicción, pero la señora me ha vuelto a preguntar justo en ese momento sobre el caballero subido al árbol y me he puesto a charla con ella.

-Si dejada en paz está señora.
-¿No cree que es sospechoso? ¿Y si es un inmigrante? ¿Llamamos a seguridad?
-Pero si estamos en la calle.
-Ah. Es que no se mueve el tío. A ver si va a querer saltar a alguna ventana cercana para hacer fechorías.

El hecho de que el sospechoso subido al árbol esté vestido como el mismísimo Superman y ande tratando de coger a un gatito recién nacido que se encuentra agazapado y tiritando en una extremo de una de las ramas del árbol no está siendo óbice para que la señora cese en su empeño. Por si acaso:

-Señora, yo juraría que es Superman. El súper héroe, no sé si sabe de qué le hablo.
-Claro que lo sé. Y usted no sé si se da cuenta de que Superman no es de aquí, así que es un inmigrante. Que lo regulen o que lo expulsen. Que lo manden a Estados Unidos, Hawai o de donde sea.
-Es de Hawai, creo.
-Me voy, que me está haciendo usted perder el tiempo, joven. Si quiere mañana quedamos aquí a la misma hora a ver si Superman ha alcanzado al gato.

-Por mí bien, faltaría más.

Según ha dado media vuelta la señora me he cruzado yo de acera, rápido y con los ojos cerrados para que nadie me hiciera más señales y no desperdiciar así la mañana. Sin embargo me ha podido la tentación y he vuelto la vista atrás. Asombroso, en cuanto hemos dejado de mirar, el Superman  ha ignorado al gatito y ha saltado por la ventana entreabierta de una chalet  aledaño para robar. En un principio he tenido la tentación  de ir hacia allá y tratar de detenerle, pero como no me había hecho ningún gesto mínimamente conciso para que me acercara a su vera, he supuesto que no querría compañía y he seguido mi camino. Mañana no sé qué carajo vamos a hacer la señora y yo a esta misma hora mirando un árbol vacío.

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