CRÍTICA LITERARIA -Dátrebil-

Si de verdad es un buen autor, nunca llegarás a conocerlo del todo. Es lo primero que pensé al terminar de leer “Dátrebil”, de Pedro Andreu. El poeta que nos dejó con ganas de más cuando leímos su primera novela, “El secadero de iguanas”, nos vuelve a poner delante de una distopía amarga escrita a borbotones, una historia que te deja la garganta seca de tanto tragar saliva mientras sus páginas van cortándote los ojos. Quizá sea exagerado y demasiado poético el comentario, pero hasta que no leas la novela, no vas a poder echármelo en cara.

Con una estructura no lineal, incluso enrevesada, aborda la historia de Mac, de Tara, de Once, personajes dibujados a sangre y fuego sobre el papel, amargura poética en sus frases, en sus movimientos, en su manera descarnada y abismal que tienen de enfrentarse a la realidad. Recuerda a tantas y tantas películas su lectura que te metes dentro de la tuya propia, convives en un mundo pseudofuturista pero radicalmente entroncado con el presente por la crisis que padecen tanto el planeta como los protagonistas.

Es complicado hacer alguna referencia concreta al argumento de “Dátrebil”, algo así como si alguien te preguntara de qué va “Pulp Fiction”, imposible de explicar con un mínimo de coherencia en pocas palabras. Va de tipos al límite, de gánsteres que persiguen a esos tipos, de sobrevivir en lugar de vivir, de volverte loco con una historia que se muestra lejana y al mismo tiempo a flor de piel, va de amor, de mucho amor violentado por las circunstancias, de sexo, de drogas, y de mucho, mucho rock & roll.

Es inevitable comparar esta segunda novela con la primera, sobre todo en el ritmo, un ritmo que se podía llegar a paladear en “El secadero de iguanas” y que ahora escoge su vertiente más frenética para arrastrarte con la lengua al aire y las tripas por fuera durante todo el relato, tan misterioso como adictivo. Aunque no sea del tipo de historias que te llaman la atención, Pedro Andreu es de esos escritores que logran captar tu interés te cuente lo que te cuente, de esos que parecen decirte con su manera de escribir que no elijas las novelas por el género, que las escojas por su calidad.

Toda vez que he mencionado las tripas por fuera, debo hacer mención a la poderosa imagen que maneja el autor con sus ‘necrolectos’, palabras e historias que le brotan de las entrañas a los personajes al morir y con las que nos entretiene en la primera mitad de la novela, generando una atmósfera oscura y atrayente que te obliga a ir hacia la oscuridad, dejando lo más atrás posible a luz de las buenas formas y las palabras formales; aquí son muy golfas las palabras, muy crudas, con el taco poético por bandera.

“Dátrebil” se sale de la norma en una edición cuidada que dan ganas de aprisionar en tu biblioteca para ver cómo destaca su lomo. Es arriesgada, es algo diferente en un panorama literario barnizado, donde cuesta que alguien se la juegue y te haga agarrarte a las solapas del libro para que no te tambalees cuando vengan las curvas de la historia. Visual, atrevida y brutal en sus formas, imagino que es toda una declaración de intenciones del autor, una novela con la que parece decirnos que va a narrarte una historia potente y crepuscular como le sale de las entrañas, sean cuales sean las consecuencias. Algo así como si en cada página nos estuviera susurrando el autor: “Prefiero que no me leas a que te quedes dormido en el siguiente renglón”.

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