CON LO FASCISTA QUE ERA YO

La vida ya no está hecha para los fascistas. Estaréis contentos. Os aplaudiría, pero ni siquiera sé cómo se pone en letras los aplausos esos insonorizados del 15M. Con lo fascista que era yo.

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LA FARAONA. 

                                                                                                                                             Uno madura cuando disfruta  comiendo con la familia.

                                                                                                                                                                                                                                    Elenio Mitzlander

Siempre me ha gustado mucho ser fascista. Y Lola Flores. No ser Lola Flores, claro, me refiero a que también siento pasión por La Faraona. Pero más por ser fascista. Es por la pose, creo. Y por mandar; Evidente. La cuestión es que en casa lo hago de maravilla. Cuando llega el fin de semana, me pongo en plan fascista y es una delicia. Entre diario no, claro. Está fatal visto en el trabajo. Cada vez que alguien se pone farruco, pelín inquisitivo o achucha más de lo normal a alguna fémina, enseguida le dicen fascista. A mí se me escapa una sonrisilla como de complicidad, pero en seguida me recompongo y pongo cara de asco; Y callo. Porque soy un cobarde; Y porque ser fascista delante de todo el mundo no da el mismo juego que en círculos cerrados que tú puedas controlar.

El caso es que el otro día fui a casa de mi cuñada y al minuto tres ya me estaba mandando: Pon la mesa, ordeña al niño, guárdate el pene… Es de un tirano que no veas. Sólo vale lo que ella diga. Me tiene hasta los cojones. Así que voy y golpeo la mesa y le suelto que aquí se han acabado las tonterías y las hostias y que a partir de ahora se hace lo que yo diga. Me suelta la mamarracha que las tonterías sí, pero que las hostias no se han acabado para nada. Al instante he sentido el crujir de mi mandíbula y se me han saltado dos premolares y el colmillo derecho. Y eso sólo de la primera, porque luego han venido más detrás. Era mi cuñado, que me ha pegado con la culata de la escopeta en toda la cara. Me ha dejado hecho un Cristo y me he callado al instante, lógico. Encima cuando se ha calmado me suelta que no llore y que no piensa llevarme al hospital, que la comida está en la mesa y que un buen legionario ha de saber, no sólo comportarse, sino también aguantar en pos de la unidad familiar. Este hombre no debe saber que yo ni siquiera he hecho la mili, pero cualquiera le dice nada.

Por lo menos me han dejado comer con el pene al aire. Me parece increíble que me traten así en esa casa. Con lo fascista que era yo.

CONTINUARÁ…

David Alfaro

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4 comentarios sobre “CON LO FASCISTA QUE ERA YO

  1. Menos mal que a estas alturas una sabe que no todo lo que un artista publica es porque lo haya vivido en sus carnes.Lo que si sé es que Guarromán te inspira, qué sería de tus escritos sin la vida de este pueblo.

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